miércoles, 18 de enero de 2012

Te espero...



Te espero

en la última hora de la tarde

con el deseo de dejarte

destrenzar mis cabellos en el aire.

Y te quiero

con mi último amor entretejido

en la sombra del sauce.

Esta es la hora azul

de mi ventana,

y aquella es la campana

de mis tardes.

Todavía

puedo cantar tu lejanía

con la misma ansiedad

de aquellos días disueltos en la infancia.

Todos mis días fueron

como murciélagos

ciegos;

fueron como voces

gritadas en el agua;

lo mismo que canciones

no escuchadas.

Pero ahora,

lejos de tu mirada,

comprendo tanta luz que me cegaba.

Y en esta hora azul,

la de mi llama renovada,

puedo decirte que te espero

con aquella canción interminada.