domingo, 8 de enero de 2012

Arrepentimiento

Por lo que te he ofendido,

dulce cariño mío,

quiero ser a tu anhelo cual sería el rocío:

tierna, dócil y humilde

como el agua que mana

y se ofrece a las llagas

de la miseria humana.

Yo enseñaré a mis manos

a ser mansas contigo,

tal como las entrañas

sonrosadas del higo,

para que te acaricien

con tan suave caricia

como la voz del ave

de la blanca novicia.

Yo enseñaré a mis

plantas a que pisen tan quedo

como el viento que

mueve las hojas del viñedo,

ya mis claros cabellos a

quebrarse en tus manos

como frágiles tallos

de lirios franciscanos.

Apoyaré mis dedos

sobre tu excelsa frente

y será mi caricia

sosegada corriente

para que fertilice

tu pensamiento bello

y haga brillar tus

ojos con singular destello.

Seré quieta y humilde

como la arena rubia

y rozaré tus labios

como agua de la lluvia

para llenar las horas

del dulzor de las vidas,

hasta que tú perdones

y para siempre olvides.

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