sábado, 4 de febrero de 2012

Bésame así, despacio.



Qué profundos tus ojos,


dos silencios


tocados con un velo de caricia


tiñendo la blancura de mi carne


con el oro rosado del incendio.


¡Qué flexible tu boca!


Tiene a veces


palpitación de ruego,


o es tan cálida y suave,


como una fruta bajo el sol madura


o como el pálido rubor de un seno.